Cuando la tecnología choca con la opinión pública, la batalla no siempre gira en torno al rendimiento o la eficiencia, sino en torno a las palabras mismas. Eso es algo que OpenAI parece tener muy claro mientras se prepara para una nueva etapa de controversia pública sobre la infraestructura que sostiene a la inteligencia artificial. Según informó la plataforma Axios, la compañía está preparando una amplia campaña de relaciones públicas para después de las elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos, que incluye entre sus propuestas una idea llamativa: dejar de usar el término «centros de datos» y sustituirlo por la expresión «campus de computación para IA» (AI compute campuses).
¿Por qué los centros de datos se han convertido en un problema político?
A lo largo de los dos últimos años, los grandes complejos de centros de datos han pasado de ser un asunto técnico especializado a convertirse en un tema local candente en varios estados y ciudades de Estados Unidos. Las razones de este cambio son múltiples y acumulativas:
- Consumo de electricidad: los complejos destinados a entrenar y operar modelos requieren energía en magnitudes comparables a las de ciudades pequeñas, lo que genera preocupación entre los residentes por el aumento de sus facturas y la presión sobre la red eléctrica.
- Consumo de agua: los sistemas de refrigeración de algunas instalaciones dependen de grandes cantidades de agua, un punto especialmente sensible en zonas áridas.
- Retorno local limitado: estas instalaciones generan muchos menos empleos permanentes de lo que esperan los residentes, en comparación con la extensión de terreno y los incentivos fiscales que reciben.
- Falta de transparencia: los acuerdos de confidencialidad que acompañaron las negociaciones con los gobiernos locales despertaron amplias sospechas, hasta el punto de que dos grandes compañías como Amazon y Microsoft se vieron obligadas a anunciar que renunciarían al uso de estos acuerdos en sus futuras negociaciones.
Las elecciones de medio mandato como «tráiler» de lo que vendrá
Chris Lehane, responsable de asuntos globales en OpenAI, describió las elecciones de medio mandato como un «tráiler» de lo que veremos en las elecciones presidenciales de 2028, cuando prevé que la inteligencia artificial se convierta en el tema central de las campañas electorales, y no en un simple asunto técnico marginal.
Esta previsión no carece de lógica. La inteligencia artificial toca ya al mismo tiempo asuntos muy sensibles: el mercado laboral, los precios de la energía, la educación, los contenidos mediáticos y la seguridad nacional. Y cualquier asunto que reúna todos estos elementos se transforma inevitablemente en materia política.
Más allá del cambio de nombre: propuestas más amplias
El cambio de denominación no es más que un punto dentro de una lista más larga de propuestas planteadas por Lehane, entre ellas:
- «Límites de velocidad» para la inteligencia artificial: una idea regulatoria que toma prestada una metáfora del tráfico, en el sentido de establecer techos y controles al ritmo de despliegue de las capacidades avanzadas, en lugar de una prohibición total.
- Cambiar el relato público: trabajar para presentar la inteligencia artificial como una herramienta que otorga a las personas capacidades adicionales en su vida diaria, y no como una amenaza para sus empleos.
- Liderazgo estadounidense en los estándares globales: impulsar a Washington a desempeñar un papel central en la elaboración de las normas internacionales para las tecnologías de inteligencia artificial.
Resulta llamativo que Lehane no calificara de negativo el debate en torno a los centros de datos, sino que lo considerara «bueno y saludable», añadiendo que las comunidades locales deben exigir responsabilidades a las empresas y reclamarles un beneficio real y tangible de estos proyectos.
¿Funcionará realmente el cambio de nombre?
Desde una perspectiva de marketing, el término «campus» tiene connotaciones completamente distintas a las de «centro de datos»: el primero evoca la imagen de universidades, complejos abiertos y empleos de alto valor intelectual; el segundo, filas de servidores encerrados y ventiladores de refrigeración. Pero la experiencia confirma que cambiar el vocabulario por sí solo rara vez modifica las posturas, sobre todo cuando las objeciones son materiales y tangibles: una factura de electricidad más alta, un nivel de agua más bajo o un ruido constante.
Lo que realmente cambia las posturas son los compromisos medibles: contratar energía limpia adicional en lugar de competir por la red existente, sistemas de refrigeración de circuito cerrado que reduzcan la extracción de agua, transparencia en los incentivos fiscales y programas reales de formación y empleo local.
¿Qué significa esto para la región árabe?
El debate estadounidense no nos resulta ajeno. Con la rápida expansión de la construcción de centros de datos e infraestructura de computación en el Golfo, Egipto y el norte de África, se plantearán las mismas preguntas: ¿quién asume el coste de la energía? ¿Cuál es la parte que le corresponde a la comunidad local en empleos y conocimiento? ¿Y cómo se mide la eficiencia en entornos cálidos que duplican las cargas de refrigeración?
La lección práctica aquí es que las empresas y los organismos gubernamentales que anticipen estas preguntas con cifras y políticas claras construirán una confianza mucho más sólida que quienes se limiten a embellecer los términos. La infraestructura de la inteligencia artificial es un proyecto a largo plazo, y su legitimidad social se gana con transparencia e impacto tangible, no con una denominación elegante.
✦ بقلم فريق دروب أيديا
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