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El auge de los centros de datos de inteligencia artificial choca con ciudades agotadas por la industria pesada

DROPIDEA Por Admin
September 16, 2026 11 vistas
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Con la aceleración de la carrera de las empresas por construir la infraestructura necesaria para operar los modelos de inteligencia artificial, los gigantescos centros de datos se están convirtiendo en un tema controvertido dentro de las comunidades estadounidenses. Mientras las empresas tecnológicas promueven promesas de empleo y crecimiento económico, muchos residentes rechazan recibir estas instalaciones en sus barrios, especialmente en las ciudades que aún llevan las cicatrices de décadas de industria pesada.

Cuando los temores son una realidad vivida y no una hipótesis

Para el activista Shomar Betts, oriundo del barrio «Grays Ferry» en el suroeste de Filadelfia, hablar de daños ambientales no es una mera teoría. Creció junto a lo que fue en su día la mayor refinería de petróleo de la costa este de Estados Unidos, la misma refinería que cerró tras una enorme explosión en 2019.

Betts relata que no comprendió el origen de las enfermedades crónicas extendidas entre los miembros de su familia y sus vecinos hasta que se topó con un grupo ecologista que repartía folletos sobre los riesgos de vivir cerca de la refinería. Dice: «Leí la lista de enfermedades relacionadas con la contaminación y descubrí que en cada casa del barrio hay alguien que padece una enfermedad de esa lista. Desde ese momento me involucré por completo en la causa». Hoy, Betts lidera una campaña que exige congelar la construcción de centros de datos en la ciudad, después de que las autoridades locales identificaran dos ubicaciones potenciales, una de ellas en su propio barrio.

Una resistencia que no se limita a una sola ciudad

Filadelfia no está sola en este rechazo, pues el ámbito de las objeciones se ha ampliado a numerosas ciudades y pueblos estadounidenses, en particular aquellos que sufren de recursos limitados. Sin embargo, la resistencia parece más intensa en las comunidades donde los efectos de la industria pesada aún son visibles.

En una concentración de protesta frente al edificio del ayuntamiento de Filadelfia, la activista Sonia Sanders resumió la postura de los vecinos afirmando que no quieren la contaminación ni el ruido, y que no creen las promesas de creación de empleo. Sanders vinculó la muerte de su esposo por un raro tipo de cáncer con las emisiones de la antigua refinería, considerando que la búsqueda de ganancias fue lo que le costó la vida.

La magnitud del impacto ambiental previsto

Puede que el impacto de un solo centro de datos no alcance la gravedad de los daños de una refinería que procesaba cientos de miles de barriles diarios, pero la amplitud de la carrera de la inteligencia artificial hace que el panorama general resulte preocupante. Según las previsiones de «BloombergNEF», los centros de datos estadounidenses consumirán para el año 2035 más gas natural del que consumen Alemania y Japón juntas, una cifra que se acerca al doble de las estimaciones anteriores de hace apenas nueve meses.

  • La combustión de un pie cúbico de gas natural libera el equivalente a 60 gramos de dióxido de carbono.
  • Se prevé que la nueva demanda añada cerca de un millón de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero al día, es decir, el equivalente al 12% del total de las emisiones estadounidenses actuales.
  • Un estudio de la Universidad de Harvard de 2021 concluyó que la contaminación del aire causada por los combustibles fósiles es responsable de una de cada cinco muertes a nivel mundial.

A esto se suman los temores por los cientos de generadores diésel de reserva en los centros planificados, que podrían ponerse en funcionamiento durante las olas de calor en lugar de depender de una red eléctrica ya sobrecargada.

Una respuesta oficial en aumento

Parece que las voces de los ciudadanos han comenzado a llegar a quienes toman las decisiones. En el estado de Nueva York, la gobernadora Kathy Hochul firmó una orden ejecutiva que suspende temporalmente la concesión de permisos para grandes proyectos, subrayando que estos centros no deben construirse sino en los lugares que deseen recibirlos.

Asimismo, varias ciudades estadounidenses han aprobado decisiones de congelación de la construcción de centros de datos, entre ellas Denver, Indianápolis, Asheville, Charlotte y Reno, con el fin de dar a las autoridades un plazo para recopilar información más completa sobre los posibles efectos.

Temores que trascienden lo ambiental

Las inquietudes de los residentes no se limitan a la contaminación, sino que se extienden a la privacidad, la vigilancia y el agotamiento del agua y la electricidad a expensas de los barrios necesitados. Más de cien personas participaron en la concentración inaugural de la campaña «No a los centros de datos en Filadelfia», en una escena que refleja la creciente conciencia comunitaria.

Y queda planteada la pregunta a las empresas de inteligencia artificial y a los organismos reguladores: ¿cómo se puede lograr el avance tecnológico sin que las comunidades más vulnerables carguen con su costo ambiental y sanitario? Es una ecuación difícil, pero el aumento de la resistencia popular hace que ignorarla resulte imposible.

✦ بقلم فريق دروب أيديا

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